medidas de seguridad. También la rehabilitación debe ser focalizada para que no
salgan peor que antes, con posgrados delictivos, estigma, odios y los mismos
problemas –o más– para enfrentar la vida. Estaríamos dispuestos a debatir la edad
de imputabilidad, que debería fijarse sobre la base de criterios –que existen– de
maduración física, psíquica, cognitiva, moral y social que son variables según los
individuos. En tal supuesto, la imputabilidad más precoz debería ser acompañada de
derechos al voto, a concurrir a hoteles, a viajar solos, a manejar vehículos, a casarse
sin venia paterna, a tener sexo con quien sea, etcétera. Pero éstos
–lamentablemente– no son los temas de debate y el estigma hacia los menores
infractores se genera a partir de gruesos errores de interpretación y análisis de
la realidad que conducen a falsas prioridades.
NO SON RESPONSABLES DE LA INSEGURIDAD
En efecto, y contrariamente a lo que alrededor de 84% de la población cree,
erróneamente impresionada por políticos, policía, prensa y rumores, los menores son
un problema delictivo y de seguridad muy mínimo. Alrededor de 5% de las sentencias
penales condenan a menores, 95% responsabiliza a adultos, que son responsables
de 95 de cada 100 delitos cometidos y juzgados con sentencia condenatoria. De los
uruguayos recluidos por delitos, 3 son menores y 97 son adultos.
¡Cómo puede alguien argumentar que los menores son la causa principal del delito y
de la inseguridad por él! Es un error gravísimo de diagnóstico que no puede llevar a
ninguna buena solución. Si deportáramos o matáramos a todos los menores sólo
reduciríamos en 5% la delictividad, y encerrándolos sin rehabilitación volverán a
hacerlo y nos costará mucho dinero tirado a la basura.
Ocupémonos de la criminalidad adulta, que es casi toda, y de cómo los adultos
desarrollan una sociedad que condena a cada vez más menores a la indigencia,
pobreza, necesidades, consumismo, abandono familiar, desempleo, mala formación y
malos ejemplos. Aquí está la raíz de problemas futuros y potencialmente crecientes.
El foco no es la infraccionalidad de menores ni sus vicios generacionales. Son
problemas, claro, y merecen tratarse;;;; pero nunca como causa fundamental de
delito e inseguridad.
REDUCIR LA EDAD DE IMPUTABILIDAD ES UN ERROR
En ningún país del mundo la reducción de la edad de imputabilidad penal se tradujo
en una baja de la delictividad. Lo que sí ha funcionado en el mundo es todo lo
contrario de lo que se intenta aquí: desjudicialización de conflictos sociales;;;;
despenalización de conductas y código penal mínimo;;;; desinstitucionalización de
las penas, o sea, regímenes alternativos a la privación de libertad con medidas
rehabilitadoras;;;; despolicialización de problemas sociales, con devolución de poder
decisorio a las comunidades empoderadas. ¿Para qué vamos a importar del exterior
las medidas que no han funcionado? ¿Por qué no importamos las que sí lo han
hecho?
Además, aquí ya se han endurecido las penas y se ha bajado –de hecho y de
derecho– la imputabilidad penal. Los políticos que sugieren hacerlo y probar con
penas duras e imputabilidad precoz sufren de amnesia o de mala fe. Y parece que,
nada sorprendentemente, tampoco aquí han funcionado. La Ley de Seguridad
Ciudadana ya permite a los jueces penarlos;;;; el Código de la Niñez y la Adolescencia
castiga hasta con cinco años a menores desde los 13 años.
La Constitución vigente prohíbe imputabilidad por debajo de los 18 años, pequeño
detalle, pero ya hemos burlado varias veces la Constitución y las leyes internacionales
homologadas, sin obtener buenos resultados. Ya hay imputabilidad desde los 13, ya
hay penas endurecidas para menores. No es nuevo. Pero no funcionaron ni aquí ni
en ningún lado. ¿Para qué seguir violando Constitución y leyes, e incluso las reglas de
Beijing y de la ONU, que son ley entre nosotros al haber sido aprobadas
legislativamente?
ES INJUSTO Y COBARDE ESTIGMATIZAR A LOS MENORES
Porque, como vimos, son responsables de una ínfima minoría de los delitos, aunque
puedan tener mucha participación en delitos que impresionan por traumáticos, como
las rapiñas. O actuando bajo los efectos de sustancias rechazadas por las
generaciones adultas, que también consumen otras tan conducentes a delitos como
las que consumen los menores.
Es injusto cargar a los menores y a su consumo de pasta base con la responsabilidad
del delito y de la inseguridad. Es un error fácilmente demostrable con múltiples cifras
oficiales. Si es un error, es injusto partir de él y perjudicarlos como generación, como
ciudadanos que serán el futuro, cuando sus injustos acusadores ya no estén. Además,
la sociedad regida por los adultos es la responsable de que vivan cada vez peor, peor
losjóvenes que los adultos, los adolescentes que los jóvenes, los niños que los
adolescentes. Si esto sigue así, si el consumismo y la desigualdad siguen presentes,
estamos sembrando lo que cosecharemos. No habrá leyes ni cárceles que lo impidan.
Más bien lo empeorarán.
No dejemos que las instituciones que viven de la inseguridad y el crimen nos hagan la
cabeza. Usemos algo de viveza criolla. Si los turistas consumieran nuestra prensa,
estaríamos fritos. Por suerte no lo hacen, vienen y salen contentos con la seguridad
que disfrutan entre nosotros. Y estaban satisfechos ya antes de las medidas
nazi-fascistas nacientes, como la que expulsa a los visitantes con antecedentes y sin
gasto turístico o vínculo laboral del departamento de Maldonado. ¿Por qué se les
permite a banqueros ladrones que vuelvan a abrir bancos entonces? Esa injusticia es
cobarde, porque los menores no tienen la organización y el poder que les permitan
combatir esos errores, injusticias y cobardías. Ojalá las tuvieran.
¿Por qué las familias no defienden a sus hijos de esas acusaciones falsas, injuriosas,
difamatorias, estigmatizantes, calumniosas? ¿Será porque tienen envidia generacional
de los más jóvenes por ser referentes eróticos y sexuales, por tener mayor capacidad
de disfrute, mayor libertad de prueba y ensayo, menores ataduras a una moral
hipócrita? ¿Se vengan de la inferioridad de estatus cultural y erótico con esas
acusaciones?
EL FOCO ES PREVENCIÓN Y REHABILITACIÓN
Si lo que se quiere es solucionar los problemas, no sacarse el miedo o soltar el
veneno, está muy claro que las prioridades son:
a) disminuir el impulso delictivo, que está en la necesidad, la desigualdad, la
indignidad, la humillación, la venganza y el odio resentidos, el consumismo insaciable
que la voracidad adulta instila en los más jóvenes.
b) lograr que los menores o mayores recluidos por delito o infracción vuelvan en
libertad con capital social, cultural y laboral que no los obligue a reincidir –o peor–
porque tiene las mismas carencias, las mismas 'juntas', los mismos circuitos
socioculturales y económicos de frecuentación. Capítulo aparte merece el deseo de
revancha, de venganza, hasta de justicia de las víctimas de delitos, que es
comprensible, pero desde ahí no se soluciona nada, se empeora, como la posibilidad
de armarse como medida de defensa y seguridad. No hay nada peor que las vecinas
resentidas, miedosas y agresivas que pueblan los medios de comunicación. No
quieren saber, no quieren pensar, no quieren resolver; son bestias sedientas de
sangre, frustradas, hipócritas, envidiosas de los jóvenes, fingidoras de moralidad por
incapacidad de disfrute, ruina.